A
Demandamos el derecho humano al contacto físico:
exigimos que se instale como política pública,
como ramo obligatorio,
como pertrecho de toda existencia,
el humano derecho a acariciarnos
con afecto y precaución,
con permiso,
con inocencia o picardía;
al tacto indiviso de quien toca y es tocado,
precondición de una sexualidad venidera
(emancipada de todo tabú),
durante la fricción negociada
de la piel de nuestra mano
con la piel de nuestro cuerpo;
a la juguetona desembocadura de torrentosos capilares
en un mar de confianzas tridimensionales,
de colisiones estratégicas,
autoconvocadas según el dulce tratado
que declara, proclama y vindica
la nueva y secular conquista:
el Humano Derecho al Otro,
protector de la desolada encarnación en esta tierra,
feroz y fecunda.
B
Demandamos el derecho universal al tacto:
su consolidación como política pública,
como ramo obligatorio en toda la república,
en todos los establecimientos ipsofacto;
el personalísimo humano derecho al roce
-verdugo de la arbitraria frontera de piel-
con potencia, con permiso o perdón, con infiel
ímpetu pagano, acallando a quien negarse ose;
a la compenetración vitalicia y acrobática
de quien toca y es tocado, preludio del contacto
de la sexualidad futura que impone el pacto
de una comunidad sexoafectiva anárquica,
fundada en la corpórea fricción monorriel
(arriba-abajo) de miembros asiduos al goce.
Se deniega así al individuo y se reconoce
el derecho de exprimir de los cuerpos la miel,
el faccionalismo cutáneo queda proscrito
con efecto inderogable, por medio del grito
vindicador de esta nueva y secular conquista:
el Humano Derecho al Otro del activista
y el deber correlativo de la tremebunda
su consolidación como política pública,
como ramo obligatorio en toda la república,
en todos los establecimientos ipsofacto;
el personalísimo humano derecho al roce
-verdugo de la arbitraria frontera de piel-
con potencia, con permiso o perdón, con infiel
ímpetu pagano, acallando a quien negarse ose;
a la compenetración vitalicia y acrobática
de quien toca y es tocado, preludio del contacto
de la sexualidad futura que impone el pacto
de una comunidad sexoafectiva anárquica,
fundada en la corpórea fricción monorriel
(arriba-abajo) de miembros asiduos al goce.
Se deniega así al individuo y se reconoce
el derecho de exprimir de los cuerpos la miel,
el faccionalismo cutáneo queda proscrito
con efecto inderogable, por medio del grito
vindicador de esta nueva y secular conquista:
el Humano Derecho al Otro del activista
y el deber correlativo de la tremebunda
encarnación en la Tierra,
feroz y fecunda.
* Todos estos textos son reversiones (perversiones) de Demando el derecho humano (inédito) de Beatriz Amanda Koryzma Hermosilla.
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