jueves, 18 de noviembre de 2021

Microcuentos

1.  Mensaje encontrado en el WhatsApp del jefe

Hernán, me enteré con mucha tristeza de que me obligarás a continuar tramitando tus juicios personales, que no son mi función laboral, de aquí en adelante, a pesar de que ya volviste de vacaciones y que lo hice originalmente solo como un favor. No lo comparto porque sé que no es tu esencia y que no te representa como persona. Sé que estos días lo reflexionarás y tomarás la mejor decisión. Yo estaré aquí cuando necesites hablar, cuenta conmigo en todo. Un abrazo. 

P.D. Pedí vacaciones del 11 al 25, favor confirmar. 


2. Cláusula meramente potestativa

Esta póliza cubre suicidio.


3. La interpretación de la Ley 

Nuestra Ley es secreta, pero no incognoscible, según afirman nuestros sabios, quienes acometieron la empresa de inferirla por medio del método inductivo. Así, recopilaron todas las sentencias y tabularon, para cada caso, el delito y la condena:

- Hurto: 16 latigazos.

- Secuestro: 06 latigazos.

- Robo con fuerza en las cosas: 68 latigazos. 

- Falsificación de moneda: 88 latigazos.

Y tuvieron éxito en predecir la siguiente condena, antes de perpetrado el siguiente delito. 


4. Obra inacabada

Cada noche de su vida se encierra en su escritorio y teclea una nueva línea en el micro cuento que jamás acaba. 


5. Rebeldía 

Perpetró la rebeldía de, contra el pechoño estupor de la familia, tatuarse un símbolo que le identificara personalmente, le diferenciara de todos los demás y cuyo significado le acompañara de por vida: 17.375.010-2.


6.  Un manuscrito de la Biblioteca de Alejandría

Si la Biblioteca de Alejandría no hubiera sido destruida estas palabras se encontrarían en ella. 


7. Estándar probatorio

Para que un hecho sea admitido en juicio la probabilidad de su ocurrencia debe ser igual o mayor que la suma de la probabilidad de ocurrencia de todas las hipótesis alternativas. Ergo, yerra el demandante al afirmar que la moneda cayó cara, yerra el demandado al afirmar que cayó sello y yerra el juez de primera instancia al afirmar que cayó de canto.

Por tanto, se resuelve: la moneda no ha caído. 

Archívese.


8. La ventaja de China

Los hombres son mortales.

Sócrates es hombre.

Sócrates es mortal.


Los chinos son abundantes.

Confucio es chino.

Confucio es abundante. 


9. El bibliotecario de Alejandría

Si la Biblioteca de Alejandría no hubiera sido destruida su catálogo habría llegado a ser infinito. ¿Quién puede culpar al bibliotecario por incendiarla?


10. Honestidad intelectual

David Hume demostró que es imposible inferir de una serie cualquiera su continuación casa camión perro. 


11. Otro manuscrito de la Biblioteca de Alejandría (6 + 9)

Si la Biblioteca de Alejandría no hubiera sido destruida su catálogo habría llegado a ser infinito. ¿Quién puede culpar al bibliotecario por incendiarla?

Incluso estas palabras se encontrarían en ella. 


12. Criptozoología

El Rey de Ratas no es una errata.


13. Perro muerto

Intentaron hacer perro muerto. Pero los perros acabaron muertos.


14. El don de los botes

El objeto original del arte de la navegación era remontar río arriba hasta el mar.


15. Pie de página de algún libro del futuro

Entre los iniciados de estas sociedades primitivas era creencia común la posibilidad de predecir el comportamiento humano por medio de enrevesados, pero en el fondo sencillos, juegos numéricos acompañados de una compleja retórica ceremonial. Se llegaron a construir grandes templos de concreto y cristal para cobijar su operación, financiada con fondos forzosamente recaudados por medio de tributos. Los heresiarcas de este culto antiguo mantuvieron entre sí comunicaciones a nivel incluso planetario y la mayoría de los gobernantes de ese entonces los invitaban a sus cortes. Hubo una época en que el Poder Terrenal no tomaba ninguna gran decisión ni emprendía gran proyecto alguno sin consultar previamente a estos agoreros, que, por cierto, jamás ofrecían una respuesta definitiva o bien, tras los hechos consumados y no profetizados, proclamaban su inevitabilidad. Tal fue la penetración del nuevo culto en las modas de las élites que, tras varias generaciones, inclusive el pueblo llano incorporó en su argot algunas palabras ceremoniales, desprovistas, claro está, de los sofisticados razonamientos circulares y peticiones de principio que las acompañaban, permitidas solo a los iniciados. Este culto recibió el nombre de economía

16. Tordo

Qouth the Tordo "Chiledespertó".

sábado, 15 de mayo de 2021

Poesía. Collage de 1913


La aspiración de lo mejor no es privilegio de todas las generaciones. 

Cuando el ignorante se cree igualado al estudioso, el bribón al apóstol, el boquirroto al elocuente y el burdégano al digno, la escala del mérito desaparece en una oprobiosa nivelación de villanía. 

Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso, hablándoles sin cesar de sus derechos, jamás de sus deberes, es el postrer renunciamiento a la propia dignidad. 

Por eso ciertos hombres inservibles se adaptan maravillosamente a los desiderata del sufragio universal; la grey se prosterna ante los fetiches más huecos y los rellena con su alambicada tontería. 

La irresponsabilidad colectiva borra la cuota individual del yerro: nadie se sonroja cuando todas las mejillas pueden reclamar su parte en la vergüenza común. 

Las jornadas electorales se convierten en burdos enjuagues de mercenarios o en pugilatos de aventureros. 

De cada cien, noventa y nueve mienten lo mismo: la grandeza del país, los sagrados principios democráticos, los intereses del pueblo, los derechos del ciudadano, la moralidad administrativa.

Intentan disfrazar con ideas su monopolio del Estado. 

La política se degrada, se convierte en profesión. 

Lo que antes fue Verbo en el genio, se torna ahora palabra y es distribuida entre todos, que, juntos, creen razonar mejor que uno solo. 

La aspiración de lo mejor no es privilegio de todas las generaciones.

EPÍLOGO:
Todo esto fue escrito en 1913 por José Ingenieros, en Buenos Aires, y fue leído y releído en la víspera de una elección —según todos— muy importante, célebremente olvidada.

miércoles, 7 de abril de 2021

Poesía. Plegaria de un niño

 
God, grant me the serenity to accept the things I cannot change,
courage to change the things I can,
and wisdom to know the difference.
 
 
Fui un niño afortunado.
 
Fui recibido como una esperada llovizna de verano,
plurales y amorosas manos mecieron mi vigilia y mi sueño caprichoso.
 
La generación que irrumpía en la familia
se mostró desde el comienzo vivaz y precoz,
prolongando los ensueños de ennoblecimiento,
por oficio de las letras,
de las anteriores.
 
Tanto se me dio y tanto de mi se esperó
(hoy lo comprendo)
que nada nunca me faltó.
 
Tanto el mundo me dio
que ni un pequeño milagro me fue negado.
 
courage to change the things I can,
 
Arriba en el ropero
el deseado objeto,
no más que un tuto raído
(única codicia del infante que fui),
inerte acumulaba su energía potencial,
puesto lejos de mí por alguna fuerza
entonces fuera de mi comprensión.
 
La diminuta silla azul de juguete no permitía
la menor esperanza de cogerlo.
 
Devotamente lo contemplaba
para renovar la fe de vencer y para mí capturarlo al fin.
La pequeña pero ilimitada fe
de que es capaz una criatura
aún no contaminada por tiempo ni espacio.
 
El tiempo: verano de 1993.
El espacio: calle Pedro León Gallo, comuna de Providencia.
 
Contemplaba entonces al mundo directamente
y sobre él me arrojaba para devorarlo
y en renovado intento tampoco lograba subir hasta el tuto.
 
God, grant me the serenity to accept the things I cannot change,
 
Barrunté entonces, a tan temprana edad,
la serena resignación que los santos antiguos predicaron.
 
La silla quedó abandonada
y mis pocos kilogramos de masa
en el centro de la habitación,
lejos del ropero,
lejos del tuto,
en la pose de la flor de loto
(propia del budista que pude ser y no fui)
inspiraban y expiraban
matando el deseo,
intentando absortamente matar el deseo.
 
and wisdom to know the difference.
 
Pero el deseo no se dejó matar
y un milagro obró
que cayó como cae una esperada llovizna de verano.
 
Cayó en línea recta,
con antinatural naturalidad,
desde 2,2 metros de altura
a 2 metros de distancia,
en un ángulo de 45 grados,
directamente contra mi cara.
Amorosos entretejidos de lana se mecieron contra mi ser caprichoso.
 
Soy un hombre afortunado: creo en milagros.

sábado, 13 de febrero de 2021

Poesía. Una arbitraria lonja de pasto


Hoy encontré el camino 

desde el parque de vuelta a casa,

una vez más. 

No es difícil, 

basta un poco de atención

y otro tanto de memoria.


Requiere no olvidar que aquel que soy 

confusamente se sigue —más bien, se deduce—

de aquel que, sobre las mismas calles, fui

y exige nuevamente zigzaguear

las mismas esquinas

y volverlas a torcer, bien o mal,

en rítmica sucesión

en inalterable sucesión.


Las copas de los árboles claman sobre mi cabeza

cada vez que vuelvo, cada vez que voy

y cada tarde de un día cualquiera 

de un verano cualquiera, seco y sofocante,

se me aparece trágicamente arquetípica.


De regreso, me forzaba siempre

la perpetua novedad de una lonja de pasto,

arbitrariamente dispuesta entre los edificios,

a preguntarme —acaso ritualmente—:

¿Cuándo será el día en que me tumbe a descansar sobre este verde tapiz?

¿Cuándo será el día en que un minuto de afable ociosidad me permita dejarme abrazar por la colcha florida?

¿Cuándo será el día en que coja la belleza con mis propias manos?


EPÍLOGO:

Finalmente llegó el día

en que un conchesumadre plantó una reja allí,

en Elena Blanco con Román Díaz,

incomunicando para siempre la vereda 

de esa arbitraria —y milagrosa— lonja de pasto,

virgen de mí. 


NOTA DEL AUTOR:

La noticia de este criminal suceso la he recibido, por medio de mis propios ojos, la noche del 13 de febrero de 2021, volviendo de trotar alrededor del parque. Tal parece, según me informó una vecina, que la lonja de pasto en cuestión perteneció siempre al edificio adyacente, construido hará una década, pero que, debido a no sé qué incordio burocrático con la Dirección de Obras Municipal (y la cacha de la espada), no había podido ser cercada hasta ahora. Confieso mi pecado: siempre lo supe.